Voy a hacer una declaración rotunda, y espero que ninguno de vosotros se atreva a llevarme la contraria: no hay nada más sexy que una mujer, o un hombre, con una sartén en la mano.
Ya está. Lo dije.
No es una declaración exclusivamente basada en lo culinario. Tampoco es una declaración de intenciones. Es lo que es: Una verdad como un templo. Aunque claro, puedes cambiar sartén por espumadera, lengua pastelera, cuchara de madera o cazuela de barro. No me importa. El tema está en que la habilidad en la cocina es erótica.
Esa manera de remover una sopa, de probar su punto de sal, de hacer subir un soufflé… La teórica dice que si se sabe mover en la cocina, el sujeto en cuestión sabrá moverse en la cama, y en vez de la sopa, la sal y el soufflé, será tu cuerpo, tu piel y tu pelo.
Pruébalo.
Invita a tu pareja a cenar, pero esta vez no vayáis a un restaurante. Aunque parezca mentira, cocina para tu pareja solamente con un delantal.
¿Te han dicho que las ostras, los higos y el queso francés es comida para subir la libido? No has visto nada aún.
Lo realmente erótico, es que una vez le hayas cocinado semidesnudo, presentes los platos de manera atractiva y en vez de usar cubiertos, uséis las manos y el cuerpo para comer. La comida, en contacto con la piel (sobretodo si es de tu amante) sabe mucho mejor.
Eso si, a parte de no cocinar un cocido madrileño o algo que no puedas sujetar con la punta de los dedos, no te olvides de las servilletas y la protección. Nunca sabes cómo podría saber el postre.
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